La vida es publicidad. Los seres humanos también formamos parte de esa vida y por lo tanto, también lo somos. Nuestro día a día se mueve en una espiral de consumo de la que, por lo visto, no estamos dispuestos a salir. Sin darnos cuenta, estamos viviendo en un negocio permanente.El profesor estadounidense Noam Chomsky en su obra El beneficio es lo que cuenta critica, entre otras cosas,desde un punto de vista político la ''mitología del mercado'' y la abundancia de intereses que existen hoy en día.

Sin duda, hay algo que nos manipula,que nos lleva al permanente consumo y a aceptar todos esos intereses.Una de las grandes causas es la publicidad que pretende mostrarnos un mundo idílico en el que todo es maravilloso. Generalmente la mente humana se ciñe a sumergirse dentro de ese mundo y a creerse todo lo que ve en el anuncio. Nuestra mente tiende a ser pasiva. no reflexiona, no se para a buscar los pros y contras del producto sino que solo se fija en la marca o en lo que esta signifique. Es como si tan solo un logotipo o un slogan fuesen capaces de iluminar de alguna manera nuestra conciencia y junto a esa luz crear una voz que le murmulle a nuestro cerebro ''compra ese producto, te sentirás mucho mejor''. Dicho y hecho, el cerebro recibe el estímulo y, ¿cómo responde a él? Adquiriendo el producto en cuestión.

Lo paradójico es escuchar las continuas quejas acerca de la excesiva subida de precios del pan o de la leche, cuando estoy segura de que si mañana Coca-Cola o otra marca de renombre encareciese sus productos, la gente no montaría tanto revuelo y seguiría comprándolos igualmente.

¿En qué nos hemos convertido?¿Es esta la globalización que deseamos?